lunes, 26 de marzo de 2012

...un cuentito



Al levantar su pequeña piernita del piso lo notó; era tarde y los rayos del sol llegaban oblicuos a las placas de cantera gris que formaban la terraza. Sin detenerse a pensarlo mucho, alternó la piernita, su sorpresa aumentó. Y si levantaba un brazo? 

Al hacerlo notó como la forma subía segura del piso a la columna mas cercana, como abrazándola; así empezó una serie de movimientos de prueba, buscando cada vez con mayor diversión la reacción de esa extraña figura recién descubierta y siempre dispuesta a seguir los movimientos de  su pequeño cuerpecito. 
Y si corriera? Podría alcanzarla? 

Mientras la idea se seguía formando en su mente y  la sonrisa en su cara, sus piernitas comenzaron a moverse casi de manera involuntaria, hasta que de pronto se halló corriendo de izquierda a derecha, siempre sin perder detalle de como su nueva amiga hacía hasta lo imposible por seguirle el paso, saltando del piso a la pared y de regreso, y de cómo se escabullía a través de la mesa de hierro forjado del jardín, dando contra el piso allá, justo frente a las macetas que descansaban sobre una mesa de madera de una antigüedad evidente.

Así, entre giros, carreras y maromas, su sombra fue creciendo hasta que finalmente terminó por ocultarse ahí, detrás del muro que delimita el jardín, ese jardín donde ahora cada tarde soleada ella aguarda por su nueva amiga,   esperando poder derrotarla y dejarla atrás la próxima vez.

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